viernes, 26 de diciembre de 2014

SONATA

 
La encontró, si. La nota perdida.
La melodía olvidada.
Regresó al principio.
A las tardes de solfeo cuando, de niño, desafinaba practicando una y otra vez.
A cuando el viejo piano de casa se rompió, como su llanto desconsolado de aquella mañana.
Se dió cuenta de que no era ni la nota más alta, ni la más bonita.
 Esa que le hacía sentir especial, único.
La encontró.
Entre todas esas partituras que tocó, entre todas esas melodías que un día amó.
Hasta entre las que no entendía, entre las que no encontraba sentido...
La encontró.
Empezó siendo una leve nota, disonante, inconexa.
Pero desde la distancia, sin que se sintiera la nota observada, la contempló.
Y lo entendió todo. Todo su esquema mental de como debía ser su música, tomó sentido.
Todo eso ocurrió. Todo.
Cuando menos se lo esperaba, cuando ya no esperaba nada... la encontró.
La nota disonante, la nota imperfecta...

martes, 23 de diciembre de 2014

LAS PALOMAS DE SALLY

 
El tiempo pasa, inexorablemente, y yo me pierdo buscando argumentos
para desafiarlo.
A veces pienso que no me alcanzarán los dias y las horas, para describirte
los colores de mis sueños.
El tiempo pasa, inexorablemente, y me recuerda que tú y yo hemos crecido
demasiado rápido,
y nuestros huesos se nos han quedado demasiado pequeños.
Y es bueno recordar aquellos juegos de niños,
corriendo tras las palomas, obligándolas a volar,
alejándolas de nosotras. Empujándolas a proseguir su camino.
El tiempo pasa, inexorablemente, y echo de menos estar a tu lado,
tumbadas bajo un manto de estrellas.
Soñando despiertas y haciendo planes.
Hoy la mitad de ellos no se han cumplido, pero
por mucho que, inexorablemente, el tiempo pase
tú y yo seguiremos tumbadas juntas bajo las estrellas.
Aún estando cada una en la otra punta del mundo.

(Dedicado a Victoria Martín Pérez)

viernes, 19 de diciembre de 2014

CONFESIÓN




No sé amar. No sé como hacerlo.
Todo parece estar mal, equivocado.
No sé por donde empezar,
ni que entender.
Nadie me explicó, cuando era niña,
que debía empezar por quererme
como el mayor de los tesoros.
Que amar no es venerar, sino tolerar,entender, comprender... aceptar.
No me explicaron que nadie está obligado a corresponderme.
Que no hay ley escrita que permanezca.
Que no hay reglas que sirvan para todo el mundo.
Que debemos invertarlas sobre la marcha.
Porque todo es efímero.
Que el corazón existe no para conquistarlo, ni para romperlo,
ni tan siquiera para enmendarlo.
El corazón existe para perdonarlo.
No podemos pretender que, mientras bombee sangre en nuestro cuerpo,
nos desvele los misterios de la vida.
No sé cuánto me queda por vagar por esta tierra.
Desconozco el tiempo que me ha sido concedido.
Ni tan siquiera sé cuantas embestidas tendrá ,
mi maltrecho corazón, que soportar.
Sólo se que estaremos siempre juntos, él y yo.
Esa es la única e inexpugnable verdad.
Deberé, entonces, cuidar de él como de mi vida.
Así que confieso desde ya todos los pecados que ambos cometeremos.
Las reglas que romperemos
él y yo.
Es más. Sé, a ciencia cierta,
con la mano en el fuego,
que ninguno de los dos nos arrepentiremos.
Lo juro por mi sangre.
Lo juro por la sangre que bombea mi maltrecho y esperanzado corazón.
PROMESA




lunes, 15 de diciembre de 2014

DIOSES Y MONSTRUOS

Es hora de frenar los pensamientos ridiculos.
La vergüenza de la exposición.
Que desgastan esos mundos de posibilidades, de triunfos que permanecen ocultos.
Basta de continuar arriesgando,
estar siempre en el punto de mira.
Siendo el blanco de todos las notas absurdas enviadas entre lineas.
Palabras que no se dijeron cara a cara, sino que se marcaron en mi piel, a fuego.
Como repetidos reproches tatuados que se fueron filtrando por mis venas.
Flechas lanzadas que envenenaron mi subconsciente.
Traicionándome a mi misma.
Atravesando las burlas furtivas de francotiradores de las letras.
Delante de todos esos espejos rotos y enturbiados
por mentes estrechas de petulante verbo.
Y sobreviví. Una y otra vez. Sobreviví, renací.
Y seguiré haciéndolo. Reconstruyendo todos los escudos con palabras.
O llenando con espacios y con silencios, la ignorancia.
Limpiando mis gafas de realidad aumentada que acentúan mis defectos.
Es hora de ir bajando ánimas de los pedestales. Poniéndolos a ras de tierra.
Dioses y monstruos compartiendo el mismo escenario, el mismo apuntador.
Siendo esta monstruosa mujer que se reinventa, como puede y donde puede.
Mostrando, orgullosa, todos estos estigmas grabados en mi piel.
Ganados con honestidad y crueldad. Sin vergüenza ni pudor.
Sobreviviendo, una y otra vez.
Y renaciendo... siempre.



Real y cruda

domingo, 7 de diciembre de 2014

LLUVIA NEGRA

Las suelas de tus zapatos ennegrecieron el pavimento gris.
El humo de los coches se filtró por los poros de mi piel.
La blanda carne pintada de negro intenso y las nubes tiñeron de óleo las paredes, las casas, los jardines y los parques de recreo.
Porque tú te fuiste, la venda de mis ojos oscureció.
Los rayos de sol dejaron de alcanzarme y un frio atenazador se encalló en mis huesos.
Porque tú te fuistes, se convirtieron en lluvia negra mis lágrimas.
Mi saliva en oscuro gasoil y las uñas de mis dedos en los escombros de mis falanges.
Porque tú te fuistes, el invierno azotó las tardes de mis plácidos otoños.
Se marchitaron las margaritas de mi eterna primavera y fueron traicionados mis cálidos veranos.
Arrastraste la verdad a un rincon oscuro.
Y calleron, a pedradas, el resto de mis ilusiones.
Enmudecieron mis talentos y deberé reconstruir el barco, a la deriva,de los restos de lo que fué un nosotros.
Para convertirlos en un hoy, ya, no te quiero.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

SER YO

Y dejé de mirarme en los espejos, cansada de buscarme y no encontrarme.
Desbibujé las huellas de mis pasos por la arena porque, a donde yo iba, nadie debía acompañarme.
Deshice todos los nudos de mi garganta y liberé las mariposas que revoloteaban en mi estómago. Ya no me volverían a hacer falta.
Decidí renunciar a ti, porque dueles demasiado. Porque finalmente no vales tanto la pena.
Me liberé de la pesada carga de defraudarte, de nunca satisfacerte.
Me cansé de sentir dolor por la que soy, de disculparme por ser, por existir, por sentir, por pensar y expresar la que soy.
Siempre la seré, esa mujer que eres incapaz de aceptar, de entender, de perdonar... De amar. Siempre lo seré. Hasta el último dia, hasta la ultima hora. Hasta en el ultimo aliento de vida que me quede, no dejaré de ser yo.
Hasta que me muera, seré yo.
Porque me encanta ser yo.
(Virginia Martín)


otra... 

domingo, 23 de noviembre de 2014

AGALLAS


 

Somos los hijos bastardos de la apatía.
Los amantes crueles de la nostalgia.
Vendimos a nuestra madre en un
mercadillo de saldos .
Cerramos los ojos y miramos a otro lado.
Como si aquello no fuera con nosotros.
Somos adictos a la miseria, al dolor ajeno,
al me importa un carajo.
Nos abrimos en canal y nos expusimos sobre la mesa del carnicero.
 Para que negociara con nuestras entrañas.
¿De qué nos quejamos ahora?
¿A qué vienen esas lamentaciones?
Guarda tu ropa y sigue nandando.
Y demuestra, entonces, un poco de agallas.
 

Virginia Martin

jueves, 20 de noviembre de 2014

LO QUE DEVORARON LAS HIEDRAS


(Fotografía de Carmen Moreno Guedes. 20 de Noviembre de 2014- Ugarte de Mujica, Pais Vasco)

A penas queda nada. Nada de lo que fuimos entre estos muros.
Todos esos rincones secretos donde jugabamos, donde nos escondiamos, los han devorado las hiedras y las malas hierbas. Nuestros nombres pintados en las paredes los arrastró la lluvia y el viento.
Todo esos momentos, antes de que crecieramos, antes de que nos distanciaramos, quedaron suspendidos en el tiempo.
A cada paso parece que te oigo silbar o reir a carcajadas, entre la maleza. Siento que en cualquier momento  vas a volver a aparecer con ranas escondidas en los bolsillos con las que nos atemorizabas.
Sentada sobre el muro de la alberca me siento a llorar, como aquella vez que se murió Sancho, el perro ovejero del abuelo. Y me estremezco al sentir posarse tu mano, dulcemente, sobre mi hombro antes de abrazarme.

Detrás de la tapia trasera en ruinas, rememoro por unos instantes aquel beso furtivo que nos dimos, ya adolescentes. Iluminados por los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo, me acorralastes entre tus brazos y nos dimos nuestro primer beso. Con sabor a vino dulce. Rodeados por el embriagador aroma de los almendros en flor. Deshiciste mi trenza con tus dedos, mientras tu cuerpo, apretado contra el mio se agitaba y yo suspiraba, apenas sin aliento...
Entonces el viento agita mis cabellos y me devuelve a la realidad. A toda esta decadencia y desencanto. Donde ya tú no estas. Donde ya no somos los que eramos. Y me pregunto dónde estarás. Qué habrá sido de ti. Me dejaste sola en el pueblo, tras la muerte de tus abuelos, y las cartas cada vez eran menos. Hasta que un día no llegaron más.
Ya empieza a oscurecer y el frio helado del monte me recuerda que es tarde. Tarde para lamentarse, tarde para remover el pasado. Y decido despedirme de ese lugar, para no volver. Doy un último vistazo desde la reja antes de partir. Y una mano familiar vuelve a apoyarse sobre mi hombro. Unos dedos deshacen mi trenza y me estremezco. Tu risa vuelve a resonar entre esos muros en ruinas y vuelvo a recuperar la niña que fuí. A aceptar la mujer que soy.
Y oscurece mientras permanecemos en silencio, tomados de la mano, escuchando como vuelven del pasado esos dos mocosos, a despertarnos.
(Virginia Martin)

CANTOS DE PAJARITOS


Dicen los pajaritos que ya me olvidaste.
Que dejaste que el amor se perdiera entre el tiempo y los recuerdo.
Que abandonaste toda esperanza de brillar en el cielo de mi vida.
Que arrastraste nuestras palabras por el lodo.
Que te burlaste de cupido y sus burdos trucos para conquistarte.
Que clavaste tu bandera en tierra de nadie. En terreno baldio, seco.
Dicen algunos pajaritos que abandonaste toda gloria. Que te esfumaste entre lo que pudo haber sido y en lo que te has convertido ahora.
Que te escondes del miedo en los rincones de la soledad. En los cómodos sillones de una vida anestesiante. Para no sufrir, para que no te hieran.
Que tienes el corazón blindado y enjaulado entre barrotes.
Pero lo que no saben esos pajaritos es que, mientras todos han perdido la esperanza, incluso tú, yo aún mantengo intacta mi fe en ti.
(Virginia Martín)

martes, 18 de noviembre de 2014

TODA LA LLUVIA


Toda aquella lluvia cayó sobre la ciudad.
Arrastró el hollin de los coches, el polvo de las aceras.
Ese veneno gris que sueltan las chimeneas...
Pero no lo logró....
Borró los carteles de los portales, destrozó las vallas publicitarias.
Dejó inservibles los paraguas.
Formando lodazales, desembocando rios en las alcantarillas...
Pero, aún así, no pudo.

Y toda aquella lluvia cayó sobre mi.
Limpiando olvidados surcos de mi piel.
Destiñiendo mis desgastadas ropas,
empapando mis cabellos.
Dejando inservibles mis sandalias.
Pero no lo consiguió.
Por muchos intentos, no fué posible.
Toda aquella lluvia cayó
Pero no pudo llevarse todo el rastro de tus recuerdos.
(Virginia Martín)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PRETÉRITO PERFECTO


Surcando su mano me dí cuenta de las cicatrices que escondía entre los dedos. Esos dedos con los que trenzaba mis cabellos rebeldes y encrespados, mientras surgían cuentos de su imaginación. Los mismos dedos con los que pellizcaba mis mejillas en señal de protesta cuando desobedecía. Crecí con esas manos acariciando las mias cuando el insomnio la atormentaba, en las frias noches de invierno. Una vez me habló de su juventud, antes de los hijos, antes de las penurias. Cuando era joven y despreocupada, cuando le esperaba un mundo de posibilidades. Antes de que se agotara su tiempo.
Nunca la he echado tanto de menos como en estos momentos. Se fué pronto, demasiado pronto. Apenas tuve tiempo de demostrarte lo fuerte que soy abuela. No tuve tiempo para darte las gracias por ese poderoso talento superviviente que heredé de ti. Mira que he caido....tantas veces. Y tantas veces he tenido que levantarme. Pensaba en qué me dirías si me rendía. No puedo decepcionarte. A ti nunca. Todos estos años reconstruyendo día a día todo mi mundo desmoronado. Huyendo de gritos, de reproches. Buscando las armas que dejastes escondidas en los recovecos de mi memoria. Los escondrijos secretos donde evadirme de la realidad. Construí una vida paralela donde tu existías. Y al que acudía cuando todo era doloroso, insoportable. Huía a esa casa que olía a pan recien hecho, a tazones de leche recien ordeñada. A pasteles de carne, a agua de lavanda. Me tumbaba en tu cama y tú no estabas enferma, ni agotada. Te oía descansar tranquila, y si prestaba suficiente atención escuchaba los latidos de tu corazón acompasado y sereno.
Años más tarde acudí a esos recuerdos cuando el dolor me partía por la mitad, cuando empujaba y empujaba, extenuada, y rota. Cuando mi bebé no salía, cuando se resistía a venir al mundo. Cuando las fuerzas empezaban ya a fallarme. Te invoqué, te rogué que empujaras conmigo, que vinieras y me mostraras el camino. Cuando creí no ser lo suficientemente fuerte, lo suficientemente valiente. Y viniste, unos segundos más tarde y te llevaste mi angustía. Y pude verte en los ojos de mi hijo en el primer cruce de miradas. Y volvió todo a su  sitio. Todo fué pretérito y feliz. Como cuando era niña y volvía del colegio y me recibía el olor a arroz con leche con canela en rama. Y tu risa franca, abierta.
Siempre serás mi pretérito preferido. Mientras me quede un aliento de vida serás, hasta el último instante, mi pretérito perfecto.

Dante's prayer

lunes, 3 de noviembre de 2014

LAURISILVAS

A partir de su memoria dibujaste las raices que te iban a unir a esta tierra. 
Verdes bosques cerrados, helechos cubriendo los huecos del cielo.
Su sonrisa franca en mitad de la nada. Un millón de sueños por cumplir a su lado y el miedo desbocandose por tu seca garganta.
Lo mirabas con ilusión y la ingenuidad de quien ama sin esperar temor.
Él fue generoso, en un principio. Te enseñó sus secretos.
Tú, en aquel marco idílico, le creiste. Creiste que aquello era para siempre. 
Que habías encontrado el puerto donde dejar reposar tus restos para toda la eternidad.
Pero te equivocaste, como siempre.
El musgo que cubría las piedras humedas, el olor a tierra ancestral... 
Todo se alió para que sucumbieras al embrujo de las viejas laurisilvas de aquel bosque encantado. Con sus duendes caprichosos columpiándose entre las ramas. Repleto de hadas que pronunciaron sus encantamientos en voz baja, para que no descubrieras el engaño.
La isla, entera, te envolvió bajo su manto esmeralda. Y te enamoraste de ella como te habías enamorado, primero, de él.
Pero el amor mortal, se acaba. Eso era lo que te habían contado las viejas del lugar.
Se desvance como lágrimas de mar evaporándose sobre las negras rocas volcánicas de lava candente. Ebulliendo con el fuego de las entrañas de esta tierra.
Pero aún te ama. Ella te ama. Te busca, te envuelve, te llama. Con su ejercito de Laurisilvas te mantiene atada, entre las lianas. Bendijo el amor con un hijo nacido fruto del amor. 
Y sabe que siempre estarás atada. Todo exige sacrificio.
Es el precio que debes pagar por pisar el bosque de las Laurisilvas encantadas.






jueves, 30 de octubre de 2014

REPARTIDA

En la curva infinita de los espacios vacios.
En las manecillas de mi viejo reloj, desvencijado.
En las suelas de mis botas, desgastadas por el camino.
En el viento del sur, seco y polvoriento, que bate la ropa en las azoteas.
En el pastel de chocolate del niño glotón, de la vecina de al lado.
En las arrugadas, y curtidas, manos de mi abuelo.
En los ojos de mi, difunta y vivaracha, perrilla Tara.
En el salitre de tu piel tras un dia entero de playa.
En la mirada, ilusionada y emocionada, de mi hijo la primera vez que voló en avión.
En los silencios, cómplices, con mi hermana que acaban en risas francas.
Donde no me busque nadie, donde ya nadie me espere. Alli estaré yo.

miércoles, 29 de octubre de 2014

RENACER



"Entonces desperté magullada, ensangrentada.
Con el corazón en un puño.
Rotos los huesos, abiertas las llagas,
apenas conseguí mantenerme en pie.
Recuerdo llorar, chillar, golpearme contra los muebles, hasta caer desplomada, exhausta.
Entonces ella se fue.
Aparentemente, no volvió más.
Desde aquel instante fui otra, distinta.
Aún no estoy segura de haber logrado librarme de ella.
No del todo. Siempre queda la duda.
A veces creo que me ronda, en el silencio de la noche.
En el silencio de las dudas, disfrazada de reproches.
La quiero cerca, no del todo, pero cerca.
No me conviene olvidarla.
Es bueno tenerla presente. Para mantenerla a raya.
Mi boicoteadora particular.

Si. Tuve que morir aquella noche.
De esa forma cruel.
No había otra opción.
Renacer de entre las cenizas, atravesando aquellas puertas oscuras.
Despojarme de la venda que había cubierto mis ojos, largo tiempo atrás.
Pernoctar en la soledad con el corazón en tinieblas, en penumbra.
Tuve que tomar la determinación de despertar del trance, afrontando el dolor.
Liberarme de todas esas losas pesadas que cargaba sobre mis maltrechos hombros.
Muchas penas, mucho amor, mucha muerte...Mucha vida.
Y finalmente, renacer."

lunes, 21 de julio de 2014

EL CUERVO Y LA PALOMA

 El agitar de unas alas lo sacó del trance. Aquella paloma atrevida se posó a su lado. Tan descarada y vivaracha. Con ojitos de lava volcánica. Arrulló a su lado, sin importarle la severidad y color austero de sus plumas. El cuervo la miró por encima del hombro y siguió a lo suyo. Pero no podía dejar de preguntarse qué demonios hacía aquella paloma presuntuosa por aquellos parajes helados. La nieve cubría, con su blanco manto, suelo árboles y viejas casas esparcidas a lo ancho del horizonte. El retinto cuervo posado sobre una valla de madera la observaba incrédulo. Ella iba y venía sin preocupaciones, ajena al interés que despertaba.

- ¿Siempre estás sólo por aquí?,¿no tienes amigos?- preguntó ella rompiendo el hielo.

- ¿Y  tú? ¿En este helado paisaje?. A vosotras os gusta el calor, los días primaverales...

- Me he perdido y te vi aquí posado. Pensé que podrías ayudarme pero creo que tú andas, aún, más perdido que yo...



Se produjo un incómodo silencio. Tan sólo se escuchaba el viento helado del norte azotando los árboles cercanos. El cuervo la miró airado y cuando iba a bramarle algo decidió callar. Ella acomodó sus alas en un claro gesto de incomodidad. Él supuso que era frío y abrió sus alas y la envolvió con ellas. La joven paloma se quedó paralizada, ante tanta intimidad. Pero no se movió. Permanecieron así más de una hora. En silencio, el uno junto al otro. Ella curiosa, por naturaleza se recreaba en el azabache brillante de sus alas, en el severo pico negro. En aquellos ojos vivaces y escrutadores. Y le pareció hermoso. Se sintió torpe y sin gracia a su lado. Sus andares cómicos le parecieron ridículos comparados con los elegantes saltos de los cuervos en tierra. Se sintió un fraude. Él rompió el silencio, sintiéndose incómodo, observado.

- Antes yo no era así, ¿sabes?. De pequeño era feo, desgarbado y con una pata quebrada.  Todos los míos se burlaban.  Cuando crecí decidí que era mejor vivir sólo a tener que seguir soportando sus burlas. Pero los años no han hecho más que ahondar la herida. No sé...¿ no se han burlado de ti alguna vez?...¿cómo eres tan ligera y decidida?... te envidio...

La pequeña paloma se estremeció y le respondió.

- Toda mi vida he sido pasto de las burlas del resto de los pájaros y aves que vivían a mi alrededor. Los humanos me odian porque creen que soy sucia y asquerosa. Y ahora te miro y la que siente envidia por tu majestuosidad soy yo. ¿Cómo es que has querido protegerme del frío con tus alas?. ¿Por qué permaneces aún a mi lado cuando no hecho otra cosa que meter la pata e incomodarte con mi presencia y mis comentarios?.

- No lo se...porque me apetece. Porque estoy cansado de estar sólo. Porque en esta hora que llevas aquí has llenado de color el gris de este día...de mis días. Porque me apetece reir y no callar...Porque tu arrullo me reconforta. Porque me siento cómodo y a gusto a tu lado...

Ella inclinó su pequeña cabecita y la apoyó en medio de aquel oscuro e inmenso pecho y suspiró. Un grupo de palomas sobrevoló sobre sus cabezas, perdidas y desorientadas.

- Esas son tus compañeras, supongo- anunció el cuervo.

- Si lo son...

- ¿A qué esperas?, ve con ellas...vuela ya o volverás a perderlas...

Ella susurró en su pecho.

- Yo ya estoy en casa...

domingo, 22 de junio de 2014

EL PACTO

Sentados junto al fuego, en el claro del bosque. La sombra de unas siluetas compartiendo confidencias. El fuego refleja unas imagenes fantasmales. Ella, sin poder reprimir las ganas de saber más:
- ¿Qué gano yo con todo esto, mi señor? ¿Qué me quedará al final de toda esta miseria?-
- Serás poderosa e inmortal. Todos te adorarán. No sufrirás la muerte a tu alrededor.Recorrerás el mundo, y sólo a cambio de tu alma. ¿Qué es una pequeña e insignificante parte de ti comparada con la mayor de las grandezas?. El poder sublime de la eternidad. La adoración de los mortales. Poseer sus pensamientos, sus deseos, sus más intimos secretos. Anda pequeña, no lo dudes.
- ¿ Y mis recuerdos?.¿Permanecerán conmigo mis recuerdos?. Los buenos y malos momentos. Los primeros besos. Las caricias de mi madre. El dulce olor a tabaco de pipa de mi padre. La sonrisa de mi hermana....
- Ohhh preciosa, eso no te lo prometo.Pero ,algunas veces, ocurre que una diminuta parte del alma se mezcla con el corazón y éste arrastra las emociones al cerebro y graba la mayor parte de los recuerdos a fuego. Pero para eso debes ser una persona visceral y temperamental. En las personas frias y controladas no es frecuente... Detente a pensar qué clase de personas te consideras que eres.

Tras unos minutos, de reflexión, Carol aceptó. Contuvo la respiración, esperando sentir dolor cuando el extraño hombre con la túnica negra le hizo un corte en la muñeca izquierda y vertió su sangre sobre un sucio y arrugado pergamino. Todo ocurrió tan deprisa que no sintió el cambio. Abrió los ojos y le vió a él. Con su apariencia mortal. Alto, fuerte y viril. Era imposible resistirse y dejar de mirarlo. Le sonrió y le dió un largo y profundo beso íntimo. Ella sintió como su corazón se desgarraba en medio del pecho. Quiso que parara, pero el dolor se prolongaba, tanto como el beso. Pero cesó al apartar su boca de la de ella. Lo miró, angustiada y sintió un vacio en el estómago.

-Tengo hambre , mi señor. Tengo tanta hambre...que me comería...

-¿ Un corazón mortal, quizás?- replicó él antes de que ella continuara.

- Si....-susurró Carol sorprendida de la respuesta que se acababa de escapar de sus labios.

- ¿Reconoces a esa chica que está sentada junto al lago?...

-¡ No!- mintió ella mirando, sobrecogida, la silueta pequeña e infantil de su hermana menor.

- Respuesta correcta. Entonces puedes tomar su corazón. Son los que te insuflarán vida. Sin ellos tu hambre nunca se verá saciada. Y morirás.

- Pero me dijistes que sería poderosa e inmortal. Que no sufriria el dolor...me lo prometistes...

- Hay que leer siempre lo que se firma mi pequeña aprendiz...

Con la rabia contenida en su cuerpo, Carol miró al extraño, desafiante. Y sin mediar palabra hundió su mano izquierda en el pecho de este y le arrancó el corazón. Con el órgano, aún palpitante en sus manos, comenzó a devorarlo, mientras la vida abandonaba el cuerpo de aquel ser detestable. Levantó el rostro y miró a su maestro. Mientras éste agonizaba replicó:

- Había olvidado que también podia ser poderosa. No creí tener la fuerza capaz de doblegaros. Pero el amor de hermana me ha dado la fuerza que necesitaba. Parece ser que soy mas temperamental y visceral de lo que pensaba, ¿no?. Al final la alumna ha superado al maestro. Descansad, tranquilo, descansad. A partir de hoy yo me encargaré de vuestro trabajo...

jueves, 13 de marzo de 2014

RENDICIÓN


Desapareció entre las puertas de la casa. Aquel extraño espíritu. Un alma que habitaba los rincones de mi memoria. Inundaba mi mente de recuerdos que me atormentaban. Lo mejor era extirparlos, aniquilarlos. Derramar toda mi ira en ellos. Con la casa a oscuras, sin querer que nada ni nadie me desconcentrara de mi propósito. Con el semblante frio y mecánico. Como el doctor que estirpa amígdalas a una larga fila de críos. Me detuve ante la cómoda del salón. Podía sentirla, palpitando en su interior. Llamándome, esperándome en lo profundo de aquel mueble. Mi mano pedía sentirla, tocarla. Mi corazón acelerado luchaba con mi cerebro para ganar la batalla. Noté su presencia, apenas un susurro, sobre mi hombro. Me aterró la idea de estar siendo manipulado. Inducido a acabar con mi vida por otro. Me armé de valor y abrí la cómoda. Estaba envuelto en una toalla, lo noté con el tacto. Las balas estaban junto a el . Sólo había tres. A mi, con una sola, me bastaba. La cargué y busqué algo donde sentarme, una silla o el sofá. Lo que fuera. Estaba decidido. Todo iba a acabar. El tormento, el sentimiento de culpa, la tristeza por no haber podido impedir que él se fuera sólo después de la fiesta. Que borracho condujera a ciento cuarenta kilómetros por hora y se estampase contra un muro. Que se abriera la cabeza y muriera en lenta agonía durante mas de una semana. Debí de haber sido un buen amigo y acompañarlo. Debí cuidarlo como él lo había hecho por mi. Debí...
Da igual, ahora estaremos en paz. A tientas, meto el cañón del revolver en mi boca. Cierro los ojos. Inútil, para que los cierras. Todo está a oscuras. El sudor resbala por mi frente. ¿Pero que me pasa?...Otra vez el susurro, al oído. No te entiendo, déjame en paz. Ya voy contigo, no me presiones. Lo haré. Juré que lo haría. Te he seguido hasta aquí, como prometí. ¿Qué mas quieres de mí?... Pero..¿que es ese estruendo?. Viene del dormitorio. "Mierda creí que no había nadie".
Alguien ha encendido una luz, oigo un lamento. Es Silvia, crei que estaba con su madre. Se acerca, jadeante. Tengo que esconder el arma bajo el cojín.
- ¿Quién anda ahí?.Váyase o llamaré a la policía.,...¡Oh dios mío!, eres tú, ¿qué haces a oscuras?...
¡Pablo!!. Tienes que ayudarme, me duele. Tienes que ayudarme, el bebé está de camino y creo que no podré llegar al hospital....
- Por dios, reacciona. Ayúdame...pero ¿qué haces aquí?,... ¿como has entrado?

domingo, 9 de marzo de 2014

LA HIJA DEL VIENTO



 
Irene creció entre las sombras de una casa austera y desde muy niña la nostalgia invadía su corazón. Distorsionaba la imagen de ella misma. Atesoraba sus planes, sus deseos en un rincón oscuro de su corazón. Donde la luz no alcanzaba, porque no debía quedar expuesta a los demás. Eran pensamientos muy intimos. Ella no podía permitirse ese lujo.
- Las miserias guardalas en casa- le decía su madre- Todo oculto, todo bajo llave cariño.
Se repetía esas frases una y otra vez, mentalmente, cuando sentía la tentación de expresarse. En los momentos de debilidad. Sus hermanos campaban a sus anchas. Ella debía medir cada palabra, cada gesto. Como una toda una señorita.
No estudió porque..."ni falta que le hace", vociferaba su padre. Y trabajaba cuidando hijos ajenos de los señores ricos de la ciudad, presumia su madre. Nadie le preguntó a Irene si ella quería esa vida. No. Toda su vida estaba ya organizada, medida, hasta el ultimo detalle. Le presentaron a Luis, su marido, en el velorio de su yaya. Con los ojos aún enrojecidos, con el alma encogida de la pena, asintió amorosamente a cada pregunta, a la que la bombardeó, la que iba a ser su suegra. Las dos mujeres cerraron el trato antes de la misa solemne y las vidas de Luis e Irene ya estaban entrelazadas como un acuerdo comercial entre dos grandes corporaciones. Donde los directivos deciden lo mejor para los accionistas, asegurando que es lo que más les conviene.

Tuvieron 6 hijos, los que dios les quiso enviar, lloraba apenada su suegra. Las caderas de Irene sufrían a cada parto, pero los Robledo querían mas descendencia. Seis nietos no eran suficientes para preservar la gran estirpe. Un hijo detrás de otro, sin descansar. Luis deslomándose e Irene en casa como una reina, solía jactarse su suegro. Su madre avergonzada, renegaba de Irene: Deberías tentarlo más hija. Pintate más y en la cama dale lo que te pida, él sabe,él manda. Tu obedece. E Irene obedecía, siempre.
Hasta aquel fatídico día. El generalisimo había muerto, todo se volvió caótico. Su padre y su suegro se atrincheraron en la fábrica de colchones Robledo. Todos los nietos fueron a parar a casa de los abuelos paternos, por seguridad, junto con la abuela materna. Nadie se preocupó por Irene. Ella sólo había sufrido un desmayo en su sexto mes de embarazo del septimo hijo que esperaba. En el sótano de la casa. Había salido rodando escaleras abajo y se retorcía de dolor en el descansillo entre lágrimas, mientras apretaba su vientre y rezaba. Las horas pasaban y nadie acudía a socorrerla. Pensó que era una maldición, por haber pensado en que seis hijos eran demasiados. Le habían inculcado que tenían que venir los hijos que dios dispusiese enviar. Y así con 31 años, estaba aún fértil. Pero el séptimo iba a tener que luchar. Pensaba en que Luis, su amorcito, su marido leal vendría a rescatarla. Como todo un caballero andante. Pero Luis andaba en una feria en Sevilla, acompañado por su secretaria, en la habitación del hotel, desnudos y retozando mientras jugaban al mus y bebían un caro brandy de reserva...
Irene supo que estaba sóla. Que iba a tener que salir de esa ella sóla. Pero la pequeña Sofía quería venir al mundo ya, aquella que iba a convertirse en la única niña de sus siete hijos. Pero eso Irene no lo sabía. No sabía del impetu y la fuerza de la naturaleza que iba a ser Sofía. No sabía que iba a convertirse en la única nieta de Los Robledo que acabaría una carrera universitaria. La única de los hermanos que se iba a casar  pasados los treinta años, en Holanda con Grëte, su alma gemela. Una rubia y tímida abogada holandesa pro-derechos humanos. No sabía que ella, y sólo ella, se la llevaría fuera de España, en contra de la opinión del resto de sus tios. Que, a pesar de lo salvaje de las lesiones, pensaban que su  abuelo había tenido un arrebato de ira y que las más de 15 patadas en el pecho de su madre habían sido por la impotencia de haber perdido todos los ahorros de la familia por invertir en bolsa mal aconsejado. Pobre hombre, que culpa iba a tener él...
Pero Sofía se la llevó. Y pudo darle a su madre los últimos tres años de su vida, lo que el mundo le había negado desde la cuna, por ser mujer. Irene esa noche no sabía que estaba a punto de nacer el amor de su vida. Y con apenas siete meses se abrió paso a este mundo entre dolores y sangre...mucha sangre. Y aquella fragil e indefensa criatura, que había estado a punto de quitarle la vida a su madre en el parto, fue la que la salvó.
Pasaron dos dias hasta que una de sus vecinas, alertada por los llantos de Sofía, había llamado a la guardia civil.
- Seguro que la loca esa de Irene Galindo habrá intentado matar a la criatura. Es una madre desnaturalizada- comentaba la afligida vecina, jactándose de conocer a Irene de toda la vida, cuando apenas había cruzado unas pocas palabras en mas de 9 años en el vecindario.

Encontraron a Irene inconsciente, con la pequeña Sofía encaramada al pecho de su madre, absorbiéndole la vida. Toda la familia acudió al hospital, pero sus caras reflejaban la decepción al descubrir en el nido el cuerpo diminuto y pálido de Sofía. Tuvo que esperar, mas de un mes y medio, antes de irse a casa con el resto de sus hermanos.
Esa ventosa mañana de Enero empezó a cambiar todo. Mientras Sofía iba camino a casa en brazos de la solitaria compañía de su madre, su padre y sus hermanos fallecían en un grave accidente de tren de vuelta de las vacaciones de navidad en Ferrol. Habían decidido ir todos y dejar a Irene en casa, pasando las navidades, completamente sóla, porque se negaba a dejar a su pequeña sóla en el hospital. Fue la primera vez en que Sofía salvó la vida de su madre. Y no fue la última....

viernes, 7 de febrero de 2014

El dolor ausente.



Gnossiene nº 1
Aquel vestido le pesaba. Le faltaba el aire y andaba de un lado a otro del cuarto. Como una fiera enjaulada. La boca seca, jadeante. Debía decir la verdad, pero, ¿cómo?. Había sido fácil tomar la decisión, pero ahora vendría el paso más dificil, llevarla acabo. Las manos se arremolinaban sobre su pecho, como en un gesto de oración, pero ella sólo trataba de encontrar el equilibrio, la serenidad que necesitaba. ¿Cómo decirle que ya no era la misma mujer con la que él se había casado?. ¿Cómo explicarle que estaba agotada de luchar, que se había quedado sin fuerzas?... Y lo había intentado, con todas sus fuerzas, con una voluntad inquebrantable, con una devoción tal que la había dejado extenuada. Pero de nada habían servido todos esos años de empeño y de amor. No quería seguir luchando contra la corriente.
No quedaba, apenas, nada de aquel hombre decidido y sereno que había cruzado el mar para conquistarla. Había conseguido romper todas las barreras e impedimentos que ella le ponía en el camino.Pero él no se rindió y consiguió acabar con toda su resistencia. Volvía a faltarle el aire y abrió los enormes ventanales de aquel frío salón. El viento sopló como un huracán y ella volvió a respirar. Su mente se aclaraba. Había hecho un esquema mental de cómo le iba a decir que quería marcharse. Quería volver a encontrarse a si misma. Pensaba que no era demasiado tarde para empezar de cero. Y no era justo para él, permanecer al lado de una mujer que ya no sentía nada por él. Ella no tenía miedo a la soledad, tenía miedo a la monotonía que se había instalado entre aquellas cuatro paredes. Se había amoldado, casi sin darse cuenta, a las costumbres de él. Y había ido perdiendo su esencia por el camino. No reconocía a la mujer que había frente al espejo. El rostro melancólico, los ojos tristes y una perpétua expresión de sumisión y conformismo. Y tuvo ganas de gritar, se odiaba a sí misma por no haber permanecido fiel a aquella mujer increible que había sido.
Sonaron unos golpes en la puerta de la entrada. Ella se asomó y vió un hombre de uniforme esperando. No lograba reconocerlo. Permaneció ensimismada unos minutos antes de reaccionar a los golpes insistente de aquel extraño. Fue escaleras abajo a toda prisa y abrió bruscamente...

- ¿Señora Hopeless?.

Ella asintió.
- Buenas tardes... tengo una que informarle que su marido se encuentra grave en el Hospital. Está en estado de coma. Fue atropellado por una camioneta a la salida de su trabajo. No creemos que pueda sobrevivir. Por favor, tiene que acompañarme...

Y aquello lo cambió todo. Sintió un profundo dolor en el pecho y las lagrimas se conviertieron en un rio constante en su rostro. El policia trató de agarrarla cuando, al girar a buscar el abrigo y el bolso, se desequilibró. Permaneció en silencio todo el trayecto. No dijo ni una palabra mientras los médicos le explicaban el estado del herido. No se la oyó articular palabra cuando la acompañaron a la habitación de cuidados especiales. Y fue entonces, sóla ante él,  cuando lo supo. Supo cuanto le amaba aún, supo que áun no era el momento de que nadie partiera y a pesar de no creer, rezó.
Y pasaron las horas y él no reaccionaba.Los médicos se arremolinaban a su alrededor. Todo indicaba que iban a desconectar los aparatos que lo mantenían con vida.Pero esperaban la orden de la esposa. Y ella sintió el peso de la muerte sobre sus espaldas. Ella no quería despedirse, no quería perderle, no quería... y sintió el roce de un dedo en la palma de la mano. Y pensó que era fruto del dolor, de la desesperación. Y entonces fueron dos y tres. Ella gritó sobresaltada y los médicos acudieron y la apartaron de él. Poco a poco se fueron calmando. Ella permancecía como mera espectadora en una esquina de la habitación, paralizada por el torbellino de sentimientos. Y se sintió un fraude, una usurpadora. Alquien que no merecía estar allí, alguien sin derecho a sentir dolor. Salió del cuarto, en silencio, como había venido. Siguió caminando hacia la calle y continuó perdida sin rumbo y se fue alejando del hospital y se perdió entre la gente, hasta que desapareció entre el tumulto de las calles.
Dos meses más tarde, ya recuperado, trato de buscarla, pero había desparecido. Su ropa, sus joyas, todas sus pertenencias permanecían intactas en la casa. Toda la documentación, todo. Ella no se había llevado nada. Simplemente desapareció. Él creyó que se había cansado de esperarlo, pensó que era comprensible. Después de todo le había creido muerto. Tocaron a la puerta. Él acudió dando pasos torpes porque áun tenia problemas con la coordinación.

- ¿Aún no aparece? - preguntó la mujer que se encontraba al otro lado de la puerta- Es mejor así. No sabías como dejarla. Y tu sentías pena por ella. Y mira como reacciona cuando tu la necesitabas. Esta situación era insostenible. Tira toda la ropa, todas sus cosas. Ella no va a volver y yo no quiero que su recuerdo impregne las paredes de la casa, cada rincón con sus recuerdos...

- Será mejor que te vayas, Enma- la empujó suavemente fuera de la casa y dió un portazo. Ella comenzó a aporrear la puerta y a gritar, mientras él desapareció escaleras arriba hasta su cuarto y ya no salió...

jueves, 30 de enero de 2014

Cuando el mundo cambió...




"- En un paisaje desolado el mar embravecido despertó y cobraron vidas las rocas, las algas y todos los seres inertes sin alma. Y decidieron recorrer mundo. Y un inmenso y reconfortante olor a mar recorrió todos los rincones de aquella sucia y fea ciudad. Las algas se colgaron de los rascacielos llenando, con sus cascadas de colores, el frio gris del cemento. Los niños se columpiaban en ellas como lianas. Las rocas se sentaban en medio de las calles a dialogar y a meditar. Mientras los humanos, incrédulos, no daban crédito a lo que sus ojos veían. Pero, poco a poco, la brisa del mar los fue serenando, apaciguando. Dejaron las prisas y quehaceres diarios y se sentaron descalzos a contemplar como el mar se abría paso entre las grandes avenidas y los parques huerfanos, ya, de árboles. Y el agua purificadora limpió el hollín y la suciedad de las paredes. Del alma de todos los habitantes de aquella ciudad."- Me explicó mi abuelo limpiándose las lágrimas, en un tierno gesto, con el antebrazo. Me sonrió y continuó hilando las redes desde el techo de una gasolinera oxidada y en ruinas que el mar había cubierto. Yo continué pescando con los pies sumerjidos en aquel mar cristalino.

sábado, 25 de enero de 2014

La Danza con la luna

 (Enlace musical: Lorenna McKennitt- All souls night)
Fue una noche de febrero. El frío viento del norte envolvía el pueblo en un aire gélido y mortal. Evelyn Beldam no era una esposa convencional. Tenía pensamientos y sentimientos propios. Nada que ver con su adusto y religioso cónyuge.
Gustaba de andar descalza por la casa, canturreando y danzando. Gerard la atosigaba con su aférrimo control. Cuando se conocieron no era así. Nada quedaba de aquel joven fuerte y decidido, con una risa franca y modales de campesino. Adoraba aquellas manos calientes, toscas, curtidas por la tierra . Cada caricia la hacía estremecer. No había día en el que no se amaran, a hurtadillas, escondidos de los ojos inquisidores de los mayores.
Pero, tras el matrimonio, responsabilidades lo fueron tornando frío y reservado. Sus calientes manos se tornaron gélidas e impolutas. Y sus modales se tornaron contenidos, perfectos, agobiantes. Evelyn sentía que se asfixiaba cuando se encontraba en su presencia. Así que no le importó cuando él decidió dormir en el estudio donde escribía los sermones y en el que se pasaba horas entre libros.
Si, la religión había supuesto  fin a su vida matrimonial. Para convertirse en una relación de conveniencia.
Y esa noche de febrero ella ya no pudo más. Porque no se pueden poner rejas a un corazón libre como las aves salvajes del páramo. Y si, esa  noche el páramo, la cascada secreta del bosque de sauces rojizos, la luna...las estrellas...Todos ellos la llamaban. Y mientras el frío azotaba las ramas de los árboles contra el tejado de la casa, Evelyn, descalza y apenas cubierta por un fino camisón de lino, salió fuera de la casa. Y se encontró ante ella, una majestuosa y hermosa luna de plata brillante. Serpenteando unas pocas estrellas la rodeaban y Evelyn por fin pudo suspirar de alivio. Estaba en casa. Los silbidos del viento en mitad de la noche lo envolvían todo. El pelo alborotado revoloteaba, juguetón, sobre su rostro. Y por unos segundos se estremeció al recordar las caricias de Gerard cuando estaba sobre ella en la cama. Volvió a escuchar sus jadeos y suspiros al oido,mientras entraba y salía de ella. Y unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Se rebeló y comenzó a limpiarselas y a tratar de olvidar.
Miró de nuevo la luna y entonces lo escuchó. El sonido de una música. Sonaban violines y flautas a lo lejos. En dirección al bosque de sauces rojizos. Y sus pies tomaron la iniciativa y se dejó guiar por la melodía. Corrió entre el viento y las sombras de la noche. Bajo la luna llena, corrió desesperada. Las ramas de los sauces le golpeaban la cara, pero a ella no le importó. Era una necesidad acuciante, vital. Vió la luz de las llamas. En el centro del bosque, junto a la cascada secreta, un grupo de mujeres bailaban bajo la luna llena, rodeadas de antorchas encendidas.  Todas estaban desnudas, de todas las edades. Los músicos permanecían entre los árboles, como cobijándose y respetando el ritual íntimo y femenino. Y Evelyn no pudo resistir las ansias de libertad, las ganas de volar. Se despojó del fino camisón y fué hacía el grupo de mujeres y tomó las manos de la primera que encontró en el camino. No hubo palabras, sólo miradas cómplices, el lenguaje de los sentidos. El lenguaje ancestral de la diosa, de la madre naturaleza. Entonces aquella mujer, la empujó al centro del grupo. Y fué entonces cuando, la joven y vital Evelyn, regresó a aquel cansado y encorsetado cuerpo. Y bailó, como si estuviera sóla. Una danza desafiante y majestuosa con la luna. Los brazos y los pies sincrónizados en una armonía tal que el resto de las mujeres pararon a contemplarla. Los ojos se posaban sobre ella, con ternura y amor. Formaron un círculo alrededor de ella, cogidas de la mano. Sintieron la llamada de la loba que gritaba por salir dentro de Evelyn, aprisionada. Y comenzaron a entonar unos versos en un lengua olvidada, antigua. Ella comenzó a agitar su cuerpo convulsivamente, como en un trance. La música se aceleraba a cada movimiento de ella. Las mujeres subieron el tono y ahora gritaban, alentándola, guiándo su camino entre las sombras que la rodeaban.  Esas sombras que la aprisionaban dentro de ella misma. Cayó al suelo retociéndose, con los brazos hacía el cielo. Todas se arrodillaron alrededor, con las manos unidas, animándola. Y entonces ella paró, en seco. Abrió los ojos y mostró a todas las presentes los ojos de la loba renacida. Una a una, las mujeres se acercaron y comenzaron a a abrazarla y a besarle la frente. Dándole la bienvenida al lado salvaje de la mujer. Recibiendo a la loba, de nuevo, al mundo de la madre naturaleza. Se alejaron silenciosamente, dejándola sola. De entre las sombras de los sauces una figura másculina permaneció en silencio, observándola durante unos minutos. Mientras ella miraba embelesada la luna, meciendo sus cabellos. No siente frío, porque la sangre caliente de la loba la protege. El hombre de las sombras se muestra, camina hacia ella lentamente. En silencio. Se situa a la espalda de ella. Evelyn, nota su presencia, pero no huye asustada. Conoce ese olor, conoce a ese hombre. Es su hombre. Gerard la toma por la cintura con una mano y le besa el cuello apartándole los cabellos. Ella se estremece de nuevo, como antaño. Se gira y busca su boca mientras se aferra a él violentamente. Lo mira unos instantes a los ojos,y le dice:

-Tar ar ais go dtí mo lámha, mo mac tíre milis agus fiáin  (Ven de nuevo a mis brazos, mi dulce y salvaje lobo). Lig dom a thaispeáint duit an mbealach seo, mo ghrá (deja que te enseñe el camino, mi amor)...
Gerard se desnuda y cae de rodillas a sus pies. Ella le acaricia los cabellos, mientras el le besa el vientre.
 - Bhí mé caillte amhlaidh, mo shaol ( Estaba tan perdido, mi vida)- y las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos liberando su corazón oprimido.
 Y permanecen juntos, desnudos, abrazados, hasta que las luces del alba asoman en el horizonte.