lunes, 21 de julio de 2014

EL CUERVO Y LA PALOMA

 El agitar de unas alas lo sacó del trance. Aquella paloma atrevida se posó a su lado. Tan descarada y vivaracha. Con ojitos de lava volcánica. Arrulló a su lado, sin importarle la severidad y color austero de sus plumas. El cuervo la miró por encima del hombro y siguió a lo suyo. Pero no podía dejar de preguntarse qué demonios hacía aquella paloma presuntuosa por aquellos parajes helados. La nieve cubría, con su blanco manto, suelo árboles y viejas casas esparcidas a lo ancho del horizonte. El retinto cuervo posado sobre una valla de madera la observaba incrédulo. Ella iba y venía sin preocupaciones, ajena al interés que despertaba.

- ¿Siempre estás sólo por aquí?,¿no tienes amigos?- preguntó ella rompiendo el hielo.

- ¿Y  tú? ¿En este helado paisaje?. A vosotras os gusta el calor, los días primaverales...

- Me he perdido y te vi aquí posado. Pensé que podrías ayudarme pero creo que tú andas, aún, más perdido que yo...



Se produjo un incómodo silencio. Tan sólo se escuchaba el viento helado del norte azotando los árboles cercanos. El cuervo la miró airado y cuando iba a bramarle algo decidió callar. Ella acomodó sus alas en un claro gesto de incomodidad. Él supuso que era frío y abrió sus alas y la envolvió con ellas. La joven paloma se quedó paralizada, ante tanta intimidad. Pero no se movió. Permanecieron así más de una hora. En silencio, el uno junto al otro. Ella curiosa, por naturaleza se recreaba en el azabache brillante de sus alas, en el severo pico negro. En aquellos ojos vivaces y escrutadores. Y le pareció hermoso. Se sintió torpe y sin gracia a su lado. Sus andares cómicos le parecieron ridículos comparados con los elegantes saltos de los cuervos en tierra. Se sintió un fraude. Él rompió el silencio, sintiéndose incómodo, observado.

- Antes yo no era así, ¿sabes?. De pequeño era feo, desgarbado y con una pata quebrada.  Todos los míos se burlaban.  Cuando crecí decidí que era mejor vivir sólo a tener que seguir soportando sus burlas. Pero los años no han hecho más que ahondar la herida. No sé...¿ no se han burlado de ti alguna vez?...¿cómo eres tan ligera y decidida?... te envidio...

La pequeña paloma se estremeció y le respondió.

- Toda mi vida he sido pasto de las burlas del resto de los pájaros y aves que vivían a mi alrededor. Los humanos me odian porque creen que soy sucia y asquerosa. Y ahora te miro y la que siente envidia por tu majestuosidad soy yo. ¿Cómo es que has querido protegerme del frío con tus alas?. ¿Por qué permaneces aún a mi lado cuando no hecho otra cosa que meter la pata e incomodarte con mi presencia y mis comentarios?.

- No lo se...porque me apetece. Porque estoy cansado de estar sólo. Porque en esta hora que llevas aquí has llenado de color el gris de este día...de mis días. Porque me apetece reir y no callar...Porque tu arrullo me reconforta. Porque me siento cómodo y a gusto a tu lado...

Ella inclinó su pequeña cabecita y la apoyó en medio de aquel oscuro e inmenso pecho y suspiró. Un grupo de palomas sobrevoló sobre sus cabezas, perdidas y desorientadas.

- Esas son tus compañeras, supongo- anunció el cuervo.

- Si lo son...

- ¿A qué esperas?, ve con ellas...vuela ya o volverás a perderlas...

Ella susurró en su pecho.

- Yo ya estoy en casa...