El
agitar de unas alas lo sacó del trance. Aquella paloma atrevida se posó a su
lado. Tan descarada y vivaracha. Con ojitos de lava volcánica. Arrulló a su
lado, sin importarle la severidad y color austero de sus plumas. El cuervo la
miró por encima del hombro y siguió a lo suyo. Pero no podía dejar de
preguntarse qué demonios hacía aquella paloma presuntuosa por aquellos parajes
helados. La nieve cubría, con su blanco manto, suelo árboles y viejas casas
esparcidas a lo ancho del horizonte. El retinto cuervo posado sobre una valla
de madera la observaba incrédulo. Ella iba y venía sin preocupaciones, ajena al
interés que despertaba.
-
¿Siempre estás sólo por aquí?,¿no tienes amigos?- preguntó ella rompiendo
el hielo.
-
¿Y tú? ¿En este helado paisaje?. A
vosotras os gusta el calor, los días primaverales...
- Me he
perdido y te vi aquí posado. Pensé que podrías ayudarme pero creo que tú andas,
aún, más perdido que yo...
Se
produjo un incómodo silencio. Tan sólo se escuchaba el viento helado del norte
azotando los árboles cercanos. El cuervo la miró airado y cuando iba a bramarle
algo decidió callar. Ella acomodó sus alas en un claro gesto de incomodidad. Él
supuso que era frío y abrió sus alas y la envolvió con ellas. La joven paloma
se quedó paralizada, ante tanta intimidad. Pero no se movió. Permanecieron así
más de una hora. En silencio, el uno junto al otro. Ella curiosa, por
naturaleza se recreaba en el azabache brillante de sus alas, en el severo pico
negro. En aquellos ojos vivaces y escrutadores. Y le pareció hermoso. Se sintió
torpe y sin gracia a su lado. Sus andares cómicos le parecieron ridículos
comparados con los elegantes saltos de los cuervos en tierra. Se sintió un
fraude. Él rompió el silencio, sintiéndose incómodo, observado.
- Antes
yo no era así, ¿sabes?. De pequeño era feo, desgarbado y con una pata
quebrada. Todos los míos se
burlaban. Cuando crecí decidí que era
mejor vivir sólo a tener que seguir soportando sus burlas. Pero los años no han
hecho más que ahondar la herida. No sé...¿ no se han burlado de ti alguna
vez?...¿cómo eres tan ligera y decidida?... te envidio...
La
pequeña paloma se estremeció y le respondió.
- Toda
mi vida he sido pasto de las burlas del resto de los pájaros y aves que vivían
a mi alrededor. Los humanos me odian porque creen que soy sucia y asquerosa. Y
ahora te miro y la que siente envidia por tu majestuosidad soy yo. ¿Cómo es que
has querido protegerme del frío con tus alas?. ¿Por qué permaneces aún a mi
lado cuando no hecho otra cosa que meter la pata e incomodarte con mi presencia
y mis comentarios?.
- No lo
se...porque me apetece. Porque estoy cansado de estar sólo. Porque en esta hora
que llevas aquí has llenado de color el gris de este día...de mis días. Porque
me apetece reir y no callar...Porque tu arrullo me reconforta. Porque me siento
cómodo y a gusto a tu lado...
Ella
inclinó su pequeña cabecita y la apoyó en medio de aquel oscuro e inmenso pecho
y suspiró. Un grupo de palomas sobrevoló sobre sus cabezas, perdidas y
desorientadas.
- Esas
son tus compañeras, supongo- anunció el cuervo.
- Si lo
son...
- ¿A qué
esperas?, ve con ellas...vuela ya o volverás a perderlas...
Ella
susurró en su pecho.
- Yo ya estoy en casa...
