Despedirme del mal vicio de quererte
supuso un enorme boquete en la boca de mi estómago.
Un chute de dosis masificadas de adrenalina.
Un salto al vacio sin anclajes de supervivencia...
eso fue revelador.
eso fue revelador.
Despedirme del regusto de sufrir,
de acabar con las incertidumbres,
con los no "puedos", recitados de memoria,
dejar espacio a mis pensamientos...
eso fue liberador.
Descubrir los inmensos recovecos de mi mente,
mal acostumbrados a pensarte y desearte,
volver a ver mi reflejo en el espejo
y recorrer con mis manos
los olvidados surcos de mi piel...
eso fue hermoso.
Despedirme y regresar acabó siendo
más fácil de lo esperado.
Menos duro de lo deseado.
Recobré, al fin, mi cordura.Y eso, querido mio...
fue lo más sensato.
(Si no tuviera cerebro, sería fria como las piedras y rica como los tontos...)




