sábado, 31 de enero de 2015

DESPEDIDA Y REGRESO




Despedirme del mal vicio de quererte
supuso un enorme boquete en la boca de mi estómago.
Un chute de dosis masificadas de adrenalina.
Un salto al vacio sin anclajes de supervivencia...
eso fue revelador.

Despedirme del regusto de sufrir,
de acabar con las incertidumbres,
con los no "puedos", recitados de memoria,
dejar espacio a mis pensamientos...
eso fue liberador.

Descubrir los inmensos recovecos de mi mente,
mal acostumbrados a pensarte y desearte,
volver a ver mi reflejo en el espejo
y recorrer con mis manos 
los olvidados surcos de mi piel...
eso fue hermoso.

Despedirme y regresar acabó siendo 
más fácil de lo esperado.
Menos duro de lo deseado.
Recobré, al fin, mi cordura.
Y eso, querido mio...
fue lo más sensato.

(Si no tuviera cerebro, sería fria como las piedras y rica como los tontos...)

miércoles, 21 de enero de 2015

LA MAR....


Me arrastró la corriente entre la espuma de un mar salvaje.
El viento destrozó las velas dejándome sin rumbo hasta acabar varada,
perdida en mitad de la nada.
Las lágrimas y el miedo me los guardé para lanzarlos a la marea,
librándome de todo lastre de recuerdos.
Debiste enseñarme a manejar mejor el timón de tus remordimientos.
El mastil quedó inservible a las primeras embestidas de la tormenta.
Creí que nunca lograría manterme a flote, te quedastes con todos
los salvavidas que aún conservaba.
Fue entonces que aprendí a nadar a contracorriente, sin red.
Y aquella sal sanó las viejas heridas encayadas en mi pecho y
 logré sobrevivír.
Ya no sueño con el mecer de las olas entre tus brazos,
ni con saborear el salitre de tu boca.
Ya no me importa que rumbo tomar.
Descubrí la belleza de danzar entre las olas y los faros.
De nadar desnuda entre los arrecifes de corales.
Y la mar me sigue llamando porque,al final,
no podemos vivir la una sin la otra.
Dicen los marineros que siempre puedes encontrar
una amor en cada puerto.
Y yo siento que, aún, me quedan tantos puertos donde recalar...
a lo lejos en el mar.

martes, 13 de enero de 2015

EL SÉPTIMO VELO DE ALÁ



Quizás fue la mezcla de aromas de la mirra y el azahar. 
Tal vez el embrujo de la luna en aquel cielo limpio y sin estrellas.
La noche llena de magia en Fez.
No sé si fueron el licor de datiles o los dulces con nueces.
Toda esa voluptuosidad que nos envolvía nos llevó a ese instante.
La música ancestral que hermana, que alimenta el espíritu.
El ritmo de unos timbales 
provocando el  movimiento sensual de unas caderas.
El delicado sonido embriagador del Qanún.
No importó el color de mi piel, no importaron
nuestros dioses o nuestros credos.
Solo queriamos danzar bajo el embrujo de aquella maravillosa música.  
Sólo queríamos dejarnos llevar, abrazar al otro. 
Llorar y sentir la humanidad que llevábamos dentro.  
La misma sangre roja vibrante que fluye por nuestras venas.
Y fue en esa noche, cuando descubrí lo que se esconde bajo el séptimo velo de Alá.

jueves, 8 de enero de 2015

PUERTA AZUL

Existe un lugar secreto, más allá de la puerta azul.
Las colinas de Esparta con adustos acantilados que cortan el mar.
Las soleadas praderas que envenenan el aire con aromas a romero y limón.
Los nombres de antiguos amantes tallados en los centenarios olivos.

Existe un sendero angosto y serpenteante tras la puerta azul del patio.
Donde nos perdimos tantas veces, tratando de huir de la adolescencia que transformó,
tu cuerpo y el mio.
Poniendo distancia entre los aliados, entre los niños inocentes que fuimos.
Tras la puerta azul ruinosa y polvorienta, sólo quedan esos recuerdos.
Viven todos, atesorados en los rincones de mi memoria.
Sólo tengo que cerrar los ojos y volver alli, siempre que la nostalgia y la tristeza me rondan.
Tocar con mis menudos nudillos y silbar nuestra contraseña secreta.
Parece que aún puedo escuchar tu silbido con la respuesta, si agudizo el oído pegado a la vieja puerta azul.
Azul

(fotografía de Carmen Moreno Guedes)

CAJONES VACIOS


Alguna vez lo olvidé en el fondo del cajón.
Alguna vez sentí que lo había perdido entre las sábanas y la almohada.
Alguna vez percibí su brillo bajo la alfombra, cerca de la puerta de la entrada.
A veces, me descubro, echándolo de menos en el desayuno, entre las tostadas y el café.
Ahí aflora la nostalgia.
De vez en cuando, en ensoñaciones, me parece escucharlo como una manada de elefantes en mitad de una estampida.
Pero nada de eso es real. Todo son fantasias y cuentos de niña tonta.
La realidad es que un dia mi corazón se fué contigo, por esa puerta, y aún no regresa.
Quizás algún día...