Y así somos las hermanas Martín. Tan locas para recorrer medio barrio de obreros en Dublín hasta encontrar una piedra Totem celta, mientras los lugareños flipaban con nuestra curiosidad.
Y así somos las hermanas Martín. Que aún perdiendo la casa donde crecimos, los rincones donde nos escondíamos, tenemos el hogar la una en la otra. En el mapa de nuestras memorias comunes, en los secretos que guardamos en nuestro cofre secreto con un lenguaje indescifrable e inventado.
Y así somos las hermanas Martín. Que añoramos noches de septiempre en playas escondidas, cubiertas por un manto de estrellas. Cuando no sabíamos del mundo que nos deparaba y la vida estaba aún por empezar.
Y así somos las hermanas Martín. Perdidas entre las centenarias tumbas de Inishmore o en las callejuelas de la vieja Amsterdam, detrás de los sueños, detrás de las utopias. Tropezándonos con la dura realidad, pero nunca dejando que ésta acabe con nosotras.
Y así somos las hermanas Martín: extrañas, raras, únicas, inóspitas, incomprendidas, con un puntito de locura, pero no demasiado. Probablemente imperfectas.
Total e irremediablemente imperfectas, hasta el tuétano.
Y hermosas. Para aquellos que sepan ver más allá de las fronteras de la carne,
de las venas, de la piel y de la sangre. Y sobretodo, por encima de todas las cosas...
Y quien no lo crea, es que no se ha atrevido, aún, a conocernos.
Virginia Martín


