Te escapabas de mis manos como un pajarillo asustado.
No podias dejar de temblar.
Me sobrecogian aquellos inmensos ojos negros,
la mirada limpia e inocente.
Bebia de esos gestos, de tus silencios.
Me entristecia saber que en cualquier momento te perdería.
Aun asi permanecí.
Todavía permanezco aqui, a tu lado, enjaulada.
Pero mis sueños se escapan por entre las rejas.
Aún espero la posibilidad, por muy remota que sea, de volar
lejos.
En cuanto te duermas.
En cuanto tu mirada acusadora deje de mostrarme mi
fragilidad, mi necesidad... Aún tengo sueños de libertad.
Aún sueño que me deshago de ti para siempre...
mi querido miedo.
(Virginia Martín)


