No es que me extremezca tu tacto.
Es sólo que tu calor salvaje controla mi pulso.
Alteras mis neuronas desordenadas y aferradas al fino hilo
de la cordura.
Se desatan los cordones de mi encorsetado juicio.
Ando intensa y desosegada, acalorada, viva.
No es que sienta que tu aliento desborda mi cuello desnudo,
desequilibrando el estado lógico de su piel.
Es sólo que consigues abrir y surcar nuevos senderos,
inexplorados.
Valles profundos entre mis pechos.
Conquistar territorios en el techo imperfecto de mi vientre
No es que seamos para tanto, no es que seamos tan poco...
No es que seamos para siempre... Sólo que seamos.
(Virginia Martín)
