Decían que sería trágico, mi desenlace,
Que dolería infinitamente.
Crucé los dedos y me agarré a aquella veleta.
Sin rumbo ni timón.
Perdida entre ráfagas huracanadas.
Entre misterios absurdos que mi mente dibujaba.
Le enseñé a hacer maniobras de prestigitador.
A trucar los dados. A apostar perdiendo.
A perder a la ruleta.
Engañé tantas y tantas veces a mi corazón, que finalmente me creyó.
Todo lo que hiciera falta para ocultarle tu ausencia.
Y ahora yo me pregunto:
¿ Qué voy a hacer sin ti... mamá?
