"- Que te falte el aire, pero de felicidad. Que se te erice la piel, pero no de miedo, sino de emoción. Que la boca se te seque porque tengas sed del otro. Que las noches sean eternas pero no de insomnio, sino de soñar despierto. Que en cada beso, en cada caricia entregues una parte de ti y que te sea devuelto triplicada, pero no por exigencia, sino por generosidad. Todo eso te deseo, en este preciso instante, en el que me has roto el corazón y te veo partir con mi alma. Todo eso te deseo, pero que no vuelvas nunca... nunca a sentir lo mismo que yo te hice sentir. Nunca más, nunca más...
Se alejó lentamente, sin apartar la vista de él. Memorizó cada uno de sus rasgos, cada marca de su piel. Quería ese recuerdo latente, doloroso. Le lanzó un beso al aire. Cerró los ojos, aún llenos de lágrimas, y cerró la puerta tras de sí. Atras quedaron todas sus cosas, todos sus sueños... y al instante le oyó decir suavememte:
- Lo siento...
Ella gritó: - Yo no...

