Solías correr detrás de los coches
y lanzarles piedras.
Esquivando a los perros de los vecinos.
Con las rodillas peladas y el pelo enmarañado
escalabas las ramas de los arboles
para salvar los gatos del barrio.
Con el corazón palpitando,
a punto de escaparseme por la boca,
te veía doblar la esquina de mi calle.
Soñaba despierta, ilusa de mi,
con que tu mirada se cruzara con la mía.
Y sintieras un flechazo.
Tenía catorce años,
pero aún recuerdo la oscuridad
del portal de mi casa.
Aún recuerdo el sabor de tu boca.
Como el calor de tus manos, sobre mis pechos,
atravesaba mi camiseta.
La adrenalina disparada por miedo a ser descubiertos.
Tu saliva resbalando por mi cuello.
La danza de los cuerpos.
Regresaste una y otra vez.
Pero nunca te quedaste.
No hubo promesas.
No hubo flechazo.
Hoy leí tu nombre en la esquela del periódico.
No hubo lágrimas.
Sólo el sabor de tus besos.
Solo mi corazón palpitando.
(Virginia Martin)
salvaje

